Vampires will never hurt me.
por MussiMudanza
- Bueno, para eso hay soluciones… ¿Gerard te comentó que nuestra casa es MUY grande? – Me dijo Markus con una sonrisa.
- Si, pero sería invadirlos… sería muy incómodo para ustedes vivir con una perfecta extraña… además tengo entendido que sería la única mujer, ¿cierto? –
- Pues si, serías la única mujer… pero de eso no tienes que preocuparte, ni de nada, no sería incómodo. – Me dijo Gerard
- Pues no sé, es de pensarlo… Si me disculpan me voy a dar un baño, ¿me esperan o prefieren irse? –
- Yo te espero, así aprovecho y duermo un poco en tu sala ¿puedo? – Me dijo Gerard tiernamente.
- A mi me gustaría quedarme, pero quedé con Micke de ir a comprar ciertas cosas – Dijo Markus tomando las llaves de su auto y saliendo de la casa.
- Bueno Gerard, estaré arriba… cualquier cosa tocas la puerta y me dices, si me entras de sorpresa con estos sustos recientes, seguro me da un infarto jeje –
- Claro, yo estaré aquí dormitando, tú ve y relájate –
Después de haberme bañado y vestido, bajé a ver a Gerard. El estaba en mi sala acostado, parecía un ángel... respiraba frágilmente y los pocos rayos de sol que iluminaban su cara le obligaban a hacer gestos para evitar que molestaran su sueño.
Lo dejé dormir 2 horas más en lo que pensaba que hacer y cuando él despertó, salimos a tomar un desayuno.
Toda la tarde estuve en el departamento de criminología estudiando los cuerpos que encontré junto con mi asesor, y Gerard dibujando personas que daban sus testimonios de ciertos sospechosos que vieron en la noche anterior. Casi obscurecía.
Saliendo del edificio, Gerard comenzó a platicar conmigo sobre mi decisión. ¿Me quedaría en casa corriendo los riesgos… o aceptaría vivir con el entre tantos hombres?
Finalmente Gerard me convenció de quedarme por lo menos tres días en lo que encontraba algún lugar firme en la ciudad en donde quedarme, su hermano Micke y él me acompañaron a hacer mis maletas a mi casa. Como no quería llevar a mi mascota para no molestarlos, encargué a Neko con una conocida que lo quería mucho.
- No creo tardar, ¿esperan aquí en el auto, o me siguen? – Les pregunté al bajar del vehículo.
- Te seguimos, no podemos exponernos aún – Dijo Micke.
Entramos a la casa y ellos esperaron en la sala mientas yo hacia mis maletas en la planta alta. Al finalizar regresamos al auto e hicimos 8 minutos en llegar a la mansión. Era inmensa y hermosa, tenía acabado góticos y renacentistas sorprendentes, parecía de una película de terror, pero era increíble.
Al salir del auto me sentí nerviosa… al entrar me sentí peor, aunque muy sorprendida y maravillada. Yo ya conocía a todos y al parecer aceptaban la idea de que me quedara ahí en lo que encontraba un lugar estable.
- ¡Bienvenida! Estamos esperando a nuestro amigo Ville para cenar, mientras te llevaré a tu habitación y te mostraré la casa – Me dijo Johannes con aspecto alegre, se notaba muy avivado, tenía la mirada demasiado activa y feroz… En realidad todos en la noche se notaban más activos.
Johannes me mostró las 24 diferentes habitaciones de la mansión… excepto 3, que eran para “niveles superiores”. El timbre de la casa sonó y entró el tal Ville saludando con las manos, la mirada y su sonrisa… se dirigió hacia mí.
- ¿Y? ¿Quién es esta joven tan linda? – Preguntó mirándome a los ojos. Al ver su mirada y al escuchar su voz, me quedé pasmada… tenía una presencia tan galante y fuerte… comencé a sentirme débil.
- Es la chica de la que tanto alardea Gee... – Dijo Markus.
- ¡Ah! Té eres la afortunada elegida… Bueno pues, bienvenida, me comentaron que vivirás aquí, soy Ville Valo, estoy a tu servicio – Me dijo mientras sostenía su feroz mirada en mis ojos y se acercaba a mis manos para besarlas.
- Gracias Ville, soy Diana… ¿elegida para qué? –
- La cena está servida, tomemos todos asientos, por favor – Dijo Gerard ofreciéndome un lugar un la mesa.
Estando todos sentados para cenar, me sentía incómoda, observada… pero no quise darle la suficiente importancia, después de todo… ése era mi hogar temporal.
- Diana, ¿Qué opinas de la casa? – Preguntó Micke.
- Les confieso que me siento muy sorprendida… No lo tomen a mal, pero… ustedes, tan guapos, solteros, amigos, viviendo juntos y la casa tan ordenada… es raro jajaja –
- Si, nos lo han dicho jajaja pero pues… como no tenemos nada productivo que hacer, ni novias… es por eso que somos ordenados y eso. – Respondió Johannes.
- Me parece perfecto, cuando encuentren a esa persona serán muy afortunadas, estoy segura – Les sonreí a todos.
- Bueno pues, he terminado, ¿me llevo algún trasto? – Preguntó Iero, quién se había presentado conmigo antes.
- Yo ya terminé, pero quisiera pedirles que por favor me dejen hacer algo en beneficio a ustedes… para agradecerles que me hayan ofrecido su casa… - Les pedí.
- Aceptamos, pero sólo harás lo necesario. – Adjuntó Iero.
Nos levantamos todos de la mesa y Johannes, Markus y Iero se sentaron en la sala principal a platicar, mientras Micke lavaba los trastos y Gerard me acompañaba a mi habitación. Y ahí la noche comenzaba a transcurrir rápidamente, Gerard y yo no hablábamos, sólo el me observaba detenidamente mientras yo curoseaba un poco mi habitación.
- ¿Te gusta? – Me preguntó tiernamente.
- Si, es maravillosa, como de cuento – Le respondí.
- Me alegra, yo la escogí para ti…- me decía mientras se sonrojaba – Bueno, voy a salir junto con los chicos, tenemos cosas que atender… ¿Hay algún problema si te dejo sola? –
- No, ninguno, vayan que yo estaré bien… ¡Ah! Y Gerard, muchas gracias por todo – Me acerqué y lo abracé… Correspondió mi gesto abrazándome también y apretándome con sus brazos, recargando su barbilla en mi cabeza… En ese momento sentí algo que jamás había experimentado y tal sentimiento del cuál tenía un poco de temor, apenas lo estaba descubriendo…
- No hay problema… Nos vemos – Salió mirándome y sonriendo del cuarto, y cerró la puerta mientras yo me sentaba en la orilla de la cama.
Había pasado ya como media hora desde que se había ido, y yo no encontraba más que hacer, así que salí de mi habitación para ver la casa detenidamente, me llamaban mucho la atención los acabados en madera, era madera demasiado elegante y al parecer antigua también… y que mejor ejemplo que las escaleras. Al salir me dirigí a las escaleras… las bajaba tocando la madera suavemente, percibiendo la madera como si fuese la última vez que mi tacto pudiera sentir… cerraba los ojos, esa casa me transmitía una paz demoníaca muy extraña… Pero mi sensibilidad se vio interrumpida al escuchar en el salón de música el sonido del piano… Nadie estaba en la casa.
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